Los que por alguna razón leen

lunes, 16 de agosto de 2010

De Caza.






Se me abren los ojos al momento de que el cielo está del color violáceo típico del ocaso.
La sed es parte de mi constantemente y como todos los días, luego de despertar salgo de caza, me alimento de un pequeño sorbo, con eso me basta para sustentarme un día completo, sólo una presa diaria, podría ser menos, pero lo hago a diario por que no los mato.

Recorro la ciudad a paso lento y me mezclo entre la muchedumbre, escucho como claman a Dios
El sufrimiento de los mortales se hace presente a cada instante.

Los recuerdos invaden mi mente, me atormentan y la conciencia me persigue, hoy en día la gente al conoce como el ángel bueno y el malo que nos hablan en el interior.

Me decido por ella, mujer linda, de gran aroma, y curvilínea forma, gira en un callejón a la izquierda en la calle principal, las estrellas me acompañan. La persigo, voltea y nos miramos a los ojos, su respiración se acelera. Acerco mis labios a su cuello y paso mi lengua, se estremece y se incrustaron mis afilados colmillos, saco el extracto de la vida y con la misma sangre cierro sus heridas.

Mareada… La miro a los ojos, beso sus labios y desaparezco en la oscuridad.
A lo lejos bajo las estrellas la veo desplomarse.

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