Los que por alguna razón leen

lunes, 8 de agosto de 2011

La instancia

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Reinaba el invernal sol de medio día, de la mano caminaba con mi hija por la principal calle del centro de la ciudad, mi padre, camino al tribunal y mi madre a mi izquierda.
Mi hija me pedía que la tomara en brazos para que pudiese ver venir a la desaparecida madre.
Yo, con los nervios en las manos, no la veía hacer más de 2 años y el rencor seguía fuerte pero menos  intenso.

El calor era agobiante entre tanta gente acelerada, que caminaba de un lado a otro, como si el mundo de fuese a terminar.

- Mamá, escuche un grito, mientras la pequeña impaciente casi me dislocó el brazo de un tirón.
La adrenalina subió a mi cabeza los puños se me cerraron y nos miramos a los ojos por un corto segundo; no me intereso examinarla, nada de ella me interesa.

Juntamos nuestras mejillas y un beso hipócrita fue todo lo que hubo entre nosotros.
La niña, no le volvió a soltar las manos, le conversaba no se que.
Yo me fui adelante sin ningún interés en saber como estaba. Tenso fue el recorrido al tribunal.
Me dolió tanto tener que llegar hasta esta instancia para que ella viera a su madre, pero el camino de la vida ya estaba avanzado.

La entrega fue aun más incómoda, ella conmovida por las circunstancias de la vida… yo sólo quería terminar lo que claro estaba hace tanto tiempo.
La jueza dictamina: ¡Se queda con los abuelos paternos!
Todos contento, menos ella, y yo  molesto por los acontecimientos acaecidos en esa etapa de la vida… ¡era lo que quería por el bien de la niña! Pero molesto igual…
La madre de la niña se fue a la casa de la niña y los abuelos…

No hubo palabras, la mire con pena por un instante, pero luego desapareció.
El camino a casa fue igual de tenso. El sonido del tren lo dejamos atrás. Al momento de salir de la estación, nos separamos sin nada, ni miradas ni un adiós.

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