Los que por alguna razón leen

sábado, 26 de febrero de 2011

El Fin De Los Días De Sol





Contempla en el espejo, el  pálido reflejo, que hoy presenta el ruiseñor.
Invadido por la angustia, transita por el día a día, sufre por que ha vuelto la oscuridad de siempre.
Su problema no es vivir en la oscuridad, lo que lo atribula es:
Luego de acostumbrarse a vivir a la luz del día, se siente cómodo en su cálido existir, en esa agradable sensación; el trasfondo de todo es lo penoso y agónico que se vuelve el paso a la vida en días de nubes.
Hoy es uno de esos días en los cuales se la ido la luz y la inevitable nube (digo inevitable, por que antes ya ha tratado de evitarla, buscando cobijo debajo de alguna rosa hermosa- viva y firmemente agarrado a un frasco de cristal que a llenado con calor y luz solar) se le ha posado sobe la mollera  y ha amortizado su corazón.
Avanza el día, el silencio es absoluto, no hay ruido de autos ni microbuses que él pueda escuchar. Absorto en su amargura, recuerda con tristeza, como el viento deshojó la rosa viva, el frío quemo su tallo, decayó, se deshizo y se pudrió en la tierra. Apretaba fuerte el frasco de cristal; el frío pudo más.
Cautelosa y silenciosa cae una cristalina gota por su mejilla al darse cuenta que la  luz de su frasco se había desvanecido y calor que contenía se había difundido.
¡AH! Pobre ruiseñor: Seca su lágrima y se da  cuenta que sus ropas no han sido  cambiadas y en pijamas ha caminado el día transcurrido. ¡Desesperado en busca de una vitrina! Se encuentra con su imagen desdeñada.
Su melena se ha enredado como hiervas de pantano seco, las opacas toscas piedras dan muestra de la tristeza de su corazón. Ve que sus hombros van a la altura de las caderas. Con la mirada hacia el piso y continua con paso perdido.
Ya no le importa lo desaliñado que está, no le importa vestir un pijama a rayas de color rojo con blanco, ni tampoco que tenga los pies manchados con lodo, ya no le importa nada. - ¡Cómo a todos!
Sus pasos lo llevan a un angosto callejón, vacío. Cansado ya de andar, cansado ya de buscar días soleados ha decidido sentare en una plaza intima, junto al basurero social, a ver la vida pasar si hacer más para su situación cambiar.